KUNTUR WASI
Kuntur Wasi, el
Templo de los dioses
Allá en las alturas donde el cóndor anidó y reinó
Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com
Después de un reparador baño en las medicinales aguas de la Villa Termal de los Incas, a primeras horas de la mañana, abordamos la custer que nos llevará a otro de los imponentes atractivos arqueológicos que han hecho de Cajamarca uno de los privilegiados destinos turísticos del norte: Kuntur Wasi, fortaleza lítica situada en la provincia de San Pablo.
El bus nos adentra por la carretera asfaltada que une a Cajamarca con la costa, recorremos ese trayecto, dos horas y media, hasta Chilete, desde donde tomamos el desvío hacia San pablo, a través de una estrecha trocha carrozable, que convierte nuestro viaje en una verdadera aventura.
Mientras ascendimos por esa ruta escarpada, el calor arrecia y el polvo que se levanta a raudales ingresa por las ventas y nos nubla los ojos, en cada curva o cuando nos cruzamos con otro vehículo, mientras la custer no deja de zangolotear por lo accidentado del terreno.
A medida que avanzamos por la serpenteante carretera dejamos atrás un desfiladero que da paso un abismo, entres los cerros grisáceos, con árboles y arbustos deshojados por la temporada calurosa. Los cactus son los únicos que se mantienen verdes aunque ensombrecidos por el polvo que arrastra el viento en esas laderas.
En la parte más lata, paulatinamente aparece ante nuestros ojos un colorido paisaje, matizado entre el verde y el amarillento de los cultivos dispersos en las chacras que, a la distancia, semejan tableros de ajedrez.
Cuatro horas, después de una sofocante travesía, hemos llegado a nuestro destino. Cruzamos las estrechas calles de San Pablo, un pueblo andino, que los días feriados se convierte en un pequeño mercado, donde las familias del campo compra y vende sus productos. Ellas vienen ataviadas con coloridos trajes y vistosos sombreros, tejidos por ellos mismos.
Dos kilómetros más allá está el centro arqueológico, precedido por el Museo de Sitio que es administrado por la comunidad desde 1994, fecha de su inauguración. En la entrada nos dan la bienvenida los monolitos e idolillos labrados en piedra excavados en Kuntur Wasi. En las dos salas y dispuestos en vitrinas encontramos cerámica, originales piezas de oro (orejeras, aretes, pectorales, brazaletes, coronas), chaquiras, caracoles fosilizados y diversos utensilios usados por hombres y mujeres de esta cultura.
IMPRESIONANTE EDIFICACIÓN
Con la información recibida en el museo, nuestra curiosidad se acrecienta por admirar ese legado preinca. Basta una caminata de 10 minutos, por un estrecho camino de ascenso, y arribamos al cerro La Copa a 2300 metros sobre el nivel del m arc, ahí está el templo Kuntur Wasi, a 2,300 metros sobre el nivel del mar.
Mientras observo el monumento, imagino cuan impresionado se habría quedado el historiador peruano Julio César Tello, cuando en 1946 vio por primera vez estas estructuras. Eso lo motivó a emprender las primeras investigaciones, que le permitieron determinar que las características eran similares a la Cultura Chavín. Esta información se manejó hasta 1988 cuando se pone en marcha un proyecto de investigación financiado por la UNESCO y la Universidad de Tokio (Japón).
De pie, impávido, recorro con la mirada de un extremo al otro. La extensa muralla a manera de escalera edificada con enormes y pesadas rocas. En parte superior un idolillo antropoformizado (de rasgos felinos y humanos) que mira al frente, cual si fura un vigía San Pablo. Unos metros más allá una plaza ceremonial hundida, con escalones, donde se sentaba el público para observar los rituales.
¿Por qué Kuntur Wasi? Esta es una palabra de origen quechua que significa Casa del Cóndor. Los lugareños dicen que hasta hace pocas décadas todavía veían surcar el cielo a algunos cóndores.
En este contexto geográfico, los antiguos cajamarcas construyeron varias plataformas superpuestas de piedras, y en la parte superior colocaron estatuas de piedra. La investigadora Rebeca Carrión Cachot sostuvo que éste fue un centro religioso de gran importancia en la que se perfilaron obras de arte y al que acudían en peregrinación gentes de lugares distantes como lo evidencian los objetos y semillas provenientes del Marañón que fueron encontrados ahí.
Las investigaciones ejecutadas por la misión japonesa que encabezó el arqueólogo Yoshio Onuki demuestran que esta ocupación cultural ocurrió entre el 1100 hasta el 50 antes de Cristo, lapso en el que se hicieron varias modificaciones al edificio. Esto se determinó con el análisis de los contextos funerarios en los que se encontró numerosas piezas de orfebrería (collares, coronas, orejeras, pectorales repujados y pequeñas cabezas trofeo, todas ellas de oro), que hoy se exhiben en el museo.
Estas edificaciones fueron templos suntuosos con plazas, terrazas y plataformas. Sus paredes estaban enlucidas con coloridos diseños y esculturas de piedra. Además hubo un complejo sistema de canales subterráneos y una serie de tumbas asociadas a objetos de oro y otros finamente confeccionados.
LOS MONOLITOS
Tal como ocurrió con la cultura Chavín, lo que más llamó la atención de los arqueólogos desde el principio fueron los monolitos, que con la llegada de Tello se encontraron cuatro. El más conocido es aquel que representa a un personaje antropomorfo con las piernas cruzadas sosteniendo una cabeza trofeo hacia la cintura, tiene un ojo cuadrado y el otro circular, rodeado por una serpiente. Otro idolillo de aspecto cadavérico con un cetro o lanza inclinado a la cintura.
Un tercero representa a un personaje de cuerpo entero con rostro felínico, sosteniendo un cetro o bastón de mando en la cintura. Otros monolitos presentan dos caras de perfil de jaguar enfrentadas, pero también se les puede ver como una sola cara frontal. Tienen orejeras y la boca está un poco abierta con colmillos grandes. Los ojos rodeados por la cola de la serpiente en tres de ellos y un cuarto con los ojos cuadrados. Estos sirvieron como último peldaño de las escaleras de una plaza cuadrangular. Sus diferencias radican en que dos son hechos en piedra roja y dos en blanca.
La historia que nos cuenta el guía parece una película que vamos recreando, mientras recorremos el lugar tramo a tramo. Desde este cerro, el más elevado del lugar, avistamos los verdes campos de cultivo en este valle andino que sirve de sustento a la población aledaña. Como el resto de centros ceremoniales o fortalezas, esta ubicación facilitó el dominio visual del contorno.
Complacidos con la satisfacción de haber conocido uno de los importantes centros culturales ancestrales de Cajamarca, nos aprestamos a regresar, no sin antes llevarnos de recuerdo las estatuillas -labradas en piedra por los mismos comuneros, quienes heredaron la técnica del tallado de sus antepasados- que además de las fotos, se convierten en los más fidedignos testimonios de que estuvimos en esta tierra de los dioses. El retorno es una experiencia más placentera, en nuestro caso, lo hicimos siguiendo la ruta hacia la cooperativa Porcón.
MAS DATOS
La provincia de San Pablo tiene un fuerte arraigo histórico y patriótico, pues en sus explanadas el ejército peruano comandado por el general Miguel Iglesias libró una dura batalla contra los chilenos, donde destacó el batallón formado por estudiantes del Colegio San Ramón de Cajamarca, el 13 de julio de 1883.

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